Tuesday, September 27, 2005

GESTION REGIONAL

Contribuciones para que el Estado asuma su responsabilidad en la distribución"Ing. Ismael Toloza Bravo.
Algunas reflexiones previas.El desarrollo no solo requiere de inversión, eficiencia, impacto, liderazgo, también requiere "arte" (el arte de hacer Gobierno y políticas públicas - Boisier S.)
¿Cual es el rol mínimo del Estado en un modelo económico abierto al mundo?Para responder esta pregunta es necesario adentrarse en uno de los puntos respecto del cual girara el debate público en el mediano plazo, "el rol del Estado". En efecto, la gran tarea a dilucidar es definir la frontera entre el Estado y el mercado, es decir, cuales son las áreas respecto del cual el Estado es más eficiente que el Mercado, o dicho de otra manera, definir en que áreas el mercado falla para que actúe el Estado. Definir este tipo de cuestiones no es menor, ya que los planeamientos de trasformación y modernización del Estado desde una mirada regional del desarrollo, requerirán de sustento teórico al menos.
Reconozcamos entonces, que al Estado se le reconocen tres funciones mínimas: Una función asignación, una función distribución y una función estabilización. Respecto de la función asignación del Estado, éste es más eficiente que el mercado respecto de la administración de bienes y servicios públicos (Justicia, defensa, etc.), bienes y servicios de propiedad común (Mar, los SNASPE, la fauna, etc), se le reconoce su rol de asignación cuando existen externalidades tecnológicas, cuando hay fallas en la organización del mercado, cuando existen mercados incompletos y/o asimetrías de información de todo tipo.
En cuanto a la función distribución que le compete al Estado, son todas aquellas iniciativas y políticas tendientes a mejorar la equidad, nivelar las desigualdades, (económicas, territoriales, étnicas, de genero, etc.) cuya expresión mas evidente es la pobreza.
En relación a la función estabilización del Estado, es aquella que dice relación con el rol que le compete en mantener la estabilidad macroeconómica, que para el caso chileno, es una de las que mas reconoce la gente, y donde Chile lo ha hecho bien, y debe seguir haciéndolo bien.
Desarrollo, una mirada desde las regiones.
Mirar el desarrollo desde regiones es distinto que hacerlo desde una perspectiva país. Al parecer toda la batería instrumental desde el punto de vista de la operación y la estadística, está centrada en un monitoreo permanente de las cifras macroeconómicas que permiten asumir de una manera bastante eficiente el rol de estabilización que le compete al Estado. No obstante lo anterior, otro rol del estado es el de la distribución, que como dijimos antes, dice relación con preocuparse de la equidad, de una mejor focalización e impacto de las políticas públicas destinadas a disminuir la brecha, y que a luz de una mirada critica, es la función más débil, y en donde hay que hacer el mayor y mejor esfuerzo. Desde esta perspectiva, si uno analiza el comportamiento de la actividad económica regional versus el comportamiento país, como se muestra en la figura siguiente, se puede apreciar claramente que el comportamiento del crecimiento regional (a través del INACER, Índice de Actividad Económica Regional) es bastante más variable e inestable que su similar país.
Esta alta variabilidad de la actividad económica, desde una lógica de mercado es fatal para la micro y pequeña empresa (urbana y rural) que requiere de periodos algo más largos de estabilidad para rentabilizar sus respectivos negocios. Teniendo en cuenta que este segmento – junto a la mediana empresa - genera el 80% del empleo en la región, no es una preocupación menor el auscultar nuevas formar de incentivar modelos de desarrollo y crecimiento que tiendan a expresiones menos variables de comportamiento, y aseguren una mayor estabilidad en los procesos de desarrollo regional.
Desde este contexto, el análisis de modelos descentralizados, participativos, endógenos, territoriales, etc. Deben formar parte de la vocación ecléctica del Estado, en atención a su perfeccionamiento y adecuación permanente a los cambios de escenarios económicos, sociales y culturales de Chile y el mundo.
Las Regiones en un nuevo escenario.
En este contexto la regiones hoy se mueven en un contexto distinto, es decir se enfrentan a un escenario país y mundial diferente. Los acuerdos comerciales, el desarrollo tecnológico, la internacionalización de la economía, la globalización en su conjunto, traen una serie de incertidumbres, trasformaciones sociales, culturales, de mercado, etc. Pero así también, es indudable que este nuevo escenario genera una serie de oportunidades, donde es importante que las regiones estén en condiciones de tomarlas, para lo cual es necesario mejorar la competitividad, generar riqueza, disminuir la fuga de talentos, apostar a las potencialidades y entender que en el mundo de hoy ya no compiten las “empresas”, sino que los “territorios”. Aquí, otra razón más para adentrarnos en las readecuaciones y trasformaciones para eficientar el rol del Estado en las regiones.
Podemos analizar este nuevo contexto globalizado, desde la perspectiva de quienes sostienen “la teoría del fin de las fronteras” es decir la debilitación de los Estados frente al mundo, la instauración de una cultura global, alimentada por los avances en Tecnologías de Información y Comunicación TIC, el imperio de empresas transnacionales muchas veces con mayor poder que muchos pequeños Estados. Aunque hay algunos pensadores como Edgard Moran “La modernidad ha generado una metástasis del ego en el hombre, que lo ha llevado a creer que es un ciudadano del mundo sin ataduras territoriales”.
La otra opción, es mirarlo desde la perspectiva que la Globalización y esta suerte de homologación cultural, ha llevado a un relevamiento de lo local, de la identidad, que es desde donde las regiones debemos pararnos a construir el nuevo desarrollo.
Una nueva mirada.
Todo indica que a nivel meso (Región), y a nivel territorial (agrupación de comunas) los modelos de gestión del desarrollo que mejor se comportan desde la perspectiva de la detonación de procesos de desarrollo con equidad, son aquellos modelos descentralizados con enfoque territorial.
Por tanto, los esfuerzos deben estar centrados en potenciar estas nuevas lógicas de gestión y desarrollo que se han ido experimentando en la Araucanía y en otras regiones de Chile. Lo anterior, a objeto de no perder metodologías y experiencias valiosas en atención a implantar nuevas formas de gestión territorializadas y con enfoques sistémicos de intervención. Estos esfuerzos que han nacido desde las regiones, dan cuenta de una forma de buscar regionalmente las propias respuestas y demostrar, con experiencias concretas, que profundizando la descentralización y flexibilización de la gestión pública, es posible detonar de mejor manera dinámicas de desarrollo económico en territorios específicos.
En este contexto, es interesante el rescatar la identificación de puntos críticos, las metodologías de aproximación, socialización, de construcción de identidad y visión estratégicas, los esfuerzos institucionales, que está llevando adelante la región y los territorios para generar una mejor articulación de las intervenciones gubernamentales, cambio de paradigmas en los actores locales, e intentar romper la inercia histórica y estructural del Estado en estas materias .
La institucionalidad para el nuevo desarrollo regional.
La institucionalidad pública para el nuevo desarrollo requiere en algunas áreas, como los sistemas de control de gestión, de cirugía profunda, y en otras, orientaciones especificas y flexibilizaciones que aseguren un mayor impacto de los casi doscientos mil millones de pesos que el Estado gasta en la Araucanía año a año. Un análisis de cada una de estas materias nos pueden llevar a comprender de mejor manera cuales son las readecuaciones para enfrentar este nuevo desarrollo.
Los enfoques territoriales en el marco de un Estado centralizado.
No siendo el objetivo del presente documento el analizar el Estado y su centralización, y reconociendo que han existido diligentes esfuerzos en materia de modernización del Estado, cuya principal característica dice relación con la incorporación tecnológica (e-goberment), nos parece interesante destacar algunos desafíos aún pendientes en cuanto a la modernización estructural, flexibilización y descentralización, materias en las cuales el Estado aún está en deuda, ya que no han sufrido transformaciones sustantivas desde su creación, es decir, desde la instalación de modelos napoleónicos franceses, y su posterior modelo Portaliano de Estado en Chile.
Este Estado que se organiza en Ministerios centralizados, subsecretarías, direcciones nacionales de servicios, cuya función es bajar (literalmente bajar) hacia los SEREMIs y Directores Regionales las directrices, metas y presupuestos para ser ejecutados según la norma establecida en cada instrumento, no ha sufrido mayores modificaciones, salvo la creación de los Gobiernos Regionales y la instauración del Fondo Nacional de Desarrollo Regional FNDR, cuyo monto de libre decisión regional (sin contar IRAL, Provisiones, etc.) es irrelevante respecto al total de la inversión pública en la región. A modo de ejemplo, en la Región de la Araucanía el presupuesto global de inversión y gasto llega alrededor de los doscientos mil millones de pesos, de los cuales el CORE vía FNDR sólo tiene injerencia respecto de diez y ocho mil millones de pesos, y de estos, de libre disposición regional sólo ocho mil millones aproximadamente.
Una estructura estatal donde los SEREMIs y Directores de Servicio tienen doble dependencia, por un lado la autoridad regional representada por el Intendente nombrado por el Presidente de la República y, por otro lado, sus propios Directores Nacionales y Subsecretarios, que son los que los que en definitiva los contratan, pagan el sueldo y los evalúan.
En este contexto, no es menor esta alusión, ya que los nuevos modelos de gestión del desarrollo regional requieren del concurso no sólo de la primera autoridad regional, sino también, de los SEREMIs y Directores de Servicio, quienes hoy día cuentan con la libertad para escudarse en sus propios Directores Nacionales y Ministerios.
El modelo de control de gestión normativo y su impacto en la eficiencia.
Una de las características de mayor ingerencia en los esfuerzos por mejorar la eficiencia de las intervenciones de gobierno, es el actual modelo de control de gestión de las instituciones públicas en Chile.Las readecuaciones que el Estado necesita para modernizarse y enfrentar de mejor manera los desafíos de los tiempos actuales, pasa por transitar de un modelo de control de gestión normativo, hacia uno por resultados.
Actualmente, una de las principales trabas de la gestión pública es la existencia de un estilo de gestión dominado por los procedimientos o normativo y no por los resultados, lo que ha derivado en una acumulación de controles y normas que entraban el accionar del Estado y sus instituciones, impidiéndole solucionar de manera efectiva los problemas de su competencia. Un modelo de gestión donde es más importante el gasto (gastarse lo recursos en el año calendario en el marco de los procedimientos institucionales) que el impacto que los recursos gastados puedan generar. Donde el incentivo y los reconocimientos están puestos en gastarse todo los recursos y en el cómo te los gastas (apegado a la norma), más que en el para qué te los gastas. Un modelo de gestión que coarta la libre iniciativa de los funcionarios públicos para buscar nuevas formas de eficiencia de los servicios, pues ello no se encuentra señalado en los procedimientos y por tanto existe el temor de sobrepasar una norma y a la autoridad contralora.
Por el contrario, una gestión por resultados pone énfasis en que las cosas se hagan de la mejor manera posible, le da libertad e incentivos al funcionario para que busque la alternativa de funcionamiento que le permita alcanzar los objetivos que se han planteado como meta. La gestión por resultado es consistente con la idea que las instituciones y los funcionarios públicos justifican sus existencia en el hecho que son productores, proveedores o reguladores de bienes y servicios destinados a satisfacer ciertas necesidades de los ciudadanos, idea que termina por diluirse en la gestión por procedimientos, o normativa.
Los modelos territoriales de gestión, son una forma de poner énfasis en el impacto de la gestión pública y la coordinación de sus intervenciones, es decir, es una aproximación no convencional a la instalación de sistemas de control de gestión por resultados y con la característica adicional de instalar en paralelo sistemas de control social de las intervenciones públicas, lo que significa un verdadero avance en nuevas formas de modernización del Estado en regiones.
Un capitulo aparte requiere el análisis de la institución de la Contraloría General de la República, en este nueva visión de la gestión del desarrollo.
Los enfoques territoriales una respuesta regional al modelo de gestión en fomento productivo.
En numerosos diagnósticos respecto del modelo de intervención gubernamental en procesos de desarrollo, se ha identificado la tremenda dificultad generada por la forma de estructuración, normativa y aplicación de los instrumentos en materia de fomento productivo.
A modo de hacer un diagnostico crítico, que nos permita mostrar una fundamentación teórica y empírica adicional para avanzar en nueva propuestas de gestión, analicemos como funciona el actual modelo chileno de fomento productivo.
El actual modelo chileno de gestión gubernamental en fomento productivo, se sustenta o se operativiza a través de la ejecución de instrumentos, planes y programas, que se ejecutan a través de cada una de las instituciones públicas destinadas para aquellos.
La mayoría de estos instrumentos, nacen en función de una propuesta centralizada, se estructuran centralmente, su normativa se direcciona verticalmente, y se aplican de la misma manera en todo el territorio nacional, sin hacer mayor distinción de las particularidades y especificidad de cada una de las regiones de Chile.
Sumado a la rigidez de los instrumentos, éstos llegan a la gente en su gran mayoría a través de dos mecanismos; funcionan contra demanda (o mirado desde otro punto de vista contra oferta de los servicios) o por concurso público. A través del primer mecanismo, la oferta pública de instrumentos en fomento productivo actúa sobre la base de la demanda individual o colectiva, privilegiándose en algunos casos la “organización” de la demanda, lo que ha generado un verdadero clientelismo por parte de algunas organizaciones. Si aplicamos este mecanismo en sectores de fragilidad social donde el capital humano y social es bajo; no existe capacidad de levantar demanda y menos de acceder a instrumentos por concurso público.Esta forma de operar de los instrumentos en materia de fomento productivo, ha generado la sensación de dispersión de la inversión pública, no permitiendo focalizar en sectores espacialmente estratégicos o marginales, de manera de generar los impactos necesarios para realizar las transformaciones a la velocidad que se requieren.
Si a nivel regional se pretende potenciar y dinamizar las economías locales, en atención a aprovechar las oportunidades que se generan tanto en el mercado interno como el externo, aprovechar el buen ánimo y las expectativas de futuro, y poner a disposición de ellas los instrumentos planes y programas de Gobierno, necesariamente debemos pensar una nueva forma de mirar las distintas intervenciones de los servicios del Estado.
Los modelos de gestión territorial, y las estrategias de desarrollo regional (EDR).
La Estrategias de Desarrollo Regional (EDR) como su nombre lo indica, pretenden convertirse en un el marco orientador de transito al desarrollo, estableciendo misiones y visiones comunes que colaboren en los proceso de articulación, de proyectos, planes y programas en post de un plan estratégico común.
No obstante lo anterior, las EDR se han transformado en un ejercicio bien intencionado, pero que en la realidad se ha convertido en instrumentos amplios, genéricos, incapaces de poder establecer orientaciones y énfasis claros en materia de apuestas regionales económicas.
Lo anterior, por la incapacidad de diferenciar lo realmente estratégico en una región, de lo accesorio o permanente. Es más, si analizamos los pilares estratégicos de las EDR de las regiones VI, VII, VIII, IX, X y XI nos encontramos con la sorpresa que los pilares estratégicos se pueden resumir en los siguientes:
a) Desarrollo Territorial, con énfasis en la infraestructura.b) Desarrollo Económico Productivo, con énfasis en la PYME y los productores rurales.c) Desarrollo Social, con énfasis en mejorar la calidad de vida, a través de la educación, salud y vivienda.d) Desarrollo de la Identidad Regional.e) Fortalecimiento de la Institucionalidad regional.
Con la excepción de la alusión concreta de apuesta al turismo en la región de Los Lagos y de aumentar la superficie de riego en la región de El Maule, como pilares estratégicos. Y aunque más de alguien podría pensar que las especificidades regionales se recogen en el desarrollo de cada pilar estratégico, cualquiera que haya presentado alguna vez un proyecto al Sistema Nacional de Inversiones, podrá comprobar que cualquier iniciativa es posible hacerla coincidir con alguna acción de las EDR por lo general de sus definiciones.
Como se observa, el temor a dejar algo fuera de la EDR y su posterior costo político y social, hace que todo se incluya, derivando en un documento que deja contento a todo el mundo, pero que no establece ningún énfasis, condición esencial de una estrategia.
Los modelos de gestión territorial, son una nueva respuesta a la generación de énfasis en las apuesta regionales, relevando territorios y oportunidades específicas, estableciendo estrategias de desarrollo económico territoriales capaces de impactar de mejor manera en la región, ya que tienen expresión territorial acotada. Pero quizás, el mayor aporte, dice relación con establecer un modelo de control social permanente y participativo, al construir verdaderas agendas pactadas entre los servicios y los agentes locales, con expresión en el territorio.
La función estratégica del CORE.
Una región que quiere ponerse pantalones largos debe reclamar una función estratégica del CORE, es decir, exigir a esta instancia del Gobierno Regional una función más protagonista en la definición de miradas de mediano y largo plazo para el desarrollo regional, evitando caer en la tentación permanente de la aprobación con efecto y rédito electoral corto placista.
En este contexto, ello es una consecuencia directa de la actual forma de elección indirecta de los CORE. Lo anterior, a razón de que el CORE electo tiene absolutamente delimitado su universo electoral que a veces llega hasta ocho personas, y por tanto su compromiso es precisamente con aquellos ocho votos, estos ocho votos son concejales que necesitas por una condición natural de candidato, responder a sus electores cuyas necesidades no están precisamente vinculada a visiones de desarrollo de mediano y largo plazo, sino todo lo contrario. Lo que hace que para los partidos políticos sea estratégico el miembro del CORE ya que alimenta de proyectos a sus respectivos Alcaldes y Concejales. Lo que no tiene nada de malo, sino que es ineficiente desde el punto de vista de dotar al CORE de miradas estratégicas de desarrollo, trasformado el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) en un Fondo Nacional de Desarrollo vecinal y/o sectorial.
Un CORE electo por votación popular lo dota de una envestidura que le permite negociar de mejor manera presupuestos con el nivel central del Estado, y no lo “amarra” exclusivamente a un universo tan restringido de electores. Una campaña de CORE se centraría en un debate respecto del desarrollo de la región con propuestas y transformaciones creativas e innovadoras, por tanto, indirectamente la región se asegura que este cuerpo colegiado lo conformen ciudadanos con visiones y opiniones fundadas respecto del desarrollo y el funcionamiento de la región.
Todos sabemos que estas modificaciones duermen en el parlamento, fundamental y exclusivamente solo por un argumento de tipo político. El cual es, que sería “impresentable” para un Diputado o Senador que un humilde CORE tuviera más votación que un parlamentario, lo que lo convertiría automáticamente en un potencial competidor. Bueno, la solución no es tan compleja, quien desee postular al CORE podría tener una inhabilidad de dos periodos parlamentarios para presentarse a dicha instancia después de dejar el cargo, también, para cautelar que el CORE (El poder legislativo regional) se transforme en un trampolín para otros legítimos intereses.
Los sistemas regionales de apoyo a emprendedores.
Según cifras del panorama empresarial de la Araucanía entregadas por SERCOTEC, el año 2002, indica que el 77% del empleo en la región lo generan la micro y pequeña, no obstante su participación en las ventas y en las exportaciones sólo alcanza a 41% y un 6% respectivamente. En sociedades desarrolladas el fortalecimiento de éste segmentos es fundamental para generar dinamismo económico y por sobre todo para lograr una mejor distribución del ingreso. Una de las principales herramientas para estos objetivos es la implantación de sistemas de apoyo nuevos emprendimientos, que detonen la posibilidad de creación de empresas, e iniciativas que generan empleo, ingresos y dinamizan las economías. Así también, junto al esfuerzo en generar sistemas de apoyo a emprendimientos, se han desarrollado mecanismo de salida bastante menos estigmatizantes que los que hay en Chile, es decir, cuando un empresario fracasa en un negocio y quiebra, no se transforma en un paria de la sociedad, sino que es capaz de levantarse y generar otro, “esta dinámica de muchas empresas que entran y salen del mercado es lo que cataliza el desarrollo desde el punto de vista económico”.
Toda gran empresa alguna vez fue pequeña, y más aún, alguna vez fue sólo una buena idea de negocio. En este contexto, el desarrollo del nuevo mundo empresarial en las regiones se puede dar de dos maneras, la primera es esperar a que espontáneamente surjan los nuevos empresarios a todo nivel, y lo segundo, es generar condiciones para que esos procesos se aceleren y fortalezcan. Todo país desarrollado cuenta con una buena base de apoyo a nuevos emprendimientos, por tanto en sus economías la distribución de la riqueza se genera al fortalecer los proceso de creación y consolidación de la micro, pequeña y mediana empresa, más que por restringir el crecimiento de los grandes conglomerados.
Así también, la generación de sistemas de apoyo a emprendimiento ha sido una buena herramienta en momentos de crisis económica y alto desempleo, siendo el emprendimiento por necesidad una salida de auto - empleo que descomprime la presión social por ayuda Estatal.
En este contexto la creación de una “cultura emprendedora” es básica para que la sociedad en su conjunto valore el esfuerzo individual al emprender una nuevo desafío, una “cultura emprendedora” debería aminorar el miedo al fracaso, asociado a la falta de incentivos y estímulos para empezar de nuevo o a buscar nuevas oportunidades de emprendimientos. Según cifras del programa público privado de fomento al emprendimiento, la mayoría de los emprendedores tiene éxito después de haberlo intentado tres o cuatro veces. Si a eso le sumamos, que la formación educacional, a todo nivel, no incorpora el fortalecimiento de capacidades emprendedoras, que induzcan hacer pensar al alumno de enseñanza media o universitaria, que su futuro no sólo se circunscribe a ser empleado, sino que también es posible crear sus propios negocios, concluimos que para Chile es una tarea pendiente.
Los emprendimientos deben ser el motor del desarrollo económico de los próximos años en Chile y sus regiones, dado que generan una mayor cantidad de empleo, y porque son proyectos altamente rentables, con altas proyecciones de crecimiento, para lo cual es necesario crear estructuras gubernamentales que potencien el emprendimiento a través de institucionales adecuadas, un ámbito legal acorde y orientaciones políticas claras en atención a mirar al emprendimiento como sujeto de atención del Estado, para ello, es necesario profundizar los instrumentos al servicio de los emprendedores, de manera de generar un proceso continuo y ascendente que favorezca la creación de emprendimientos en todo el territorio. Siendo la Región de la Araucanía una de las regiones de gran fragilidad económica y social, sin duda, la generación de sistemas de apoyo a emprendimientos que incorpore sus especificidades y particularidades es un factor crítico para generar condiciones de desarrollo y dinamismo económico.
Universidades un aporte a la región.
No esta en discusión la necesidad de una mayor vinculación entre los centros académicos y de investigación de la región y su aporte al desarrollo regional. Lo que si es parte de las reflexiones, es la necesidad de plantear, que mientras los incentivos a las Universidades sigan centrados prioritaria y mayoritariamente en cuestiones poco vinculantes con los temas regionales, como lo son, por ejemplo, la cantidad de publicaciones ISI, o el numero de puntajes nacionales que ingresan a sus aulas, éstas seguirán intentando desde las buenas y sanas intenciones cumplir su rol de aporte al entorno en el cual están insertas. Para ello, es importante estimular esta vinculación estrecha a través de incentivos para abordar la investigación de áreas estratégicas para el desarrollo, como por ejemplo, en los ámbitos biotecnológicos, productivos, de procesamiento y agregación de valor, de desarrollo de productos, etc. Un paso importante es la creación de la Comisión Regional de Ciencia y Tecnología, y los aportes que desde CONICYT de están haciendo, pero el desafió es mayor y esta centrado en el diseño de un sistema sinérgico y no competitivo por los recursos en esta área, donde las definiciones estratégicas de áreas claves de investigación pasen por una discusión mas amplia y participativa.
Creación de observatorios de empleo territoriales.
La principal causa de la pobreza en Chile es el desempleo, por tanto cualquier esfuerzo tendiente a reducirlo es una acción directa en favor de reducir la pobreza en el país. En este contexto, invertir en un conocimiento cabal de las variables que rigen el comportamiento del empleo a nivel local, son fundamentales para que el Estado pueda asumir mejor su rol de distribución. Definitivamente no es suficiente con el instrumento “encuesta de empleo” aplicado por el INE, para poder tener una mirada panorámica del comportamiento del empleo en la región. Puede ser suficiente para un monitoreo País, pero muy limitado para la identificación de factores importantes como lo son la variabilidad del empleo por sector o subsector económico, la calidad de estos, la temporalidad de los mismos, los sectores mas dinámicos e intensivos en mano de obra, los sectores emergentes en mano de obra, etc. De manera de hacer las apuestas públicas en aquellas áreas y sectores con mayor impacto distributivo.
Para lo anterior, una propuesta interesante es la instalación de “Observatorios de Empleo Territoriales”, producto que los instrumentos y aproximaciones metodológicas que tiene el instalar un sistema de esta naturaleza, son distintos partiendo de la base del componente productivo que caracteriza el territorio, es decir, un observatorio de empleo en la Araucanía Andina o Lacustre estará bastante mas orientado al diseño de instrumentos para monitorear el empleo vinculado al turismo, que el que se haga en el Cluster Forestal por poner un ejemplo.
Construcción de Indicadores de Impacto de la política pública.
En Chile, los indicadores para monitorear y evaluar la gestión de instituciones públicas son de distinta naturaleza, tenemos Indicadores de cobertura, que miden el número de usuarios atendidos. Indicadores de Oportunidad del Servicio, que miden el tiempo requerido para entregar un beneficio. Indicadores de eficiencia, que miden la relación entre producto e insumo requerido e Indicadores de Autofinanciamiento, que miden la capacidad de los programas para generar sus propios recursos. Pero lo que no existen a nivel de instituciones, son los indicadores de impacto de las políticas públicas.Aunque esta materia está bastante vinculado con la instalación de sistema de control de gestión por resultados, un insumo básico para ello, es la construcción de indicadores de impacto. No es posible saber hoy, de manera objetiva, si lo estamos haciendo bien o mal. Por el momento solo sabemos que lo hacemos y al parecer eso es suficiente. En un nuevo modelo regional que tienda a la modernización del sector público, este tipo de materias son cruciales para dotar de seriedad al sistema. Los recursos públicos están destinados en una buena medida a generar desarrollo y bienestar social, por tanto medir el impacto de las políticas publica es una condición básica en un Estado moderno y en la nueva gestión del desarrollo regional.
En resumen.
Una mirada regional al desarrollo, implica:
1.- Cambiar el Sistema de Control de Gestión del Estado, es decir, pasar del actual eminentemente normativo a uno por resultados.
2.- Descentralizar las finanzas públicas, como bien plantea el profesor José Yañez, flexibilizando y generando autonomías regionales para la administración de instrumentos, planes y programas, de manera de hacerlos territorializables y de mayor impacto.
3.- Redireccionar las Estrategias de Desarrollo Regional y convertirla en verdaderos instrumentos que establezcan énfasis y “apuestas” regionales de desarrollo.
4.- Diseñar una política pública destinada al fortalecimiento de espacios público-privados, de construcción de visiones comunes. (Ej. CorpAraucania, los concejos publico-privados de los territorios, la corporación de desarrollo de Malleco, etc.)
5.- Transformar el CORE en un espacio de alta discusión sobre modelos de desarrollo de mediano y largo plazo.
6.- Generar sistemas gubernamentales de apoyo a emprendedores que acompañen y den soporte a nuevos enfoques territoriales, incorporando redes de incubación.
7.- Creación de nuevos incentivos para que las Universidades Regionales mejoren su vinculación con el entorno.
8.- Instalación de observatorios de empleo en los territorios para direccionar la política pública hacia aquellos sectores más estratégicos.
9.- Construcción de indicadores de impacto, de las políticas publicas para el desarrollo.
Ing. Ismael Toloza BravoLicenciado en Ciencias de la IngeneriaPostitulado en Gestión AmbientalMagister (c) en Economíay Gestión Regional.

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